El funcionamiento de una ciudad suele evaluarse a partir de elementos visibles: sus edificios, vialidades, desarrollos inmobiliarios y grandes proyectos de transporte. Sin embargo, buena parte de su capacidad para generar oportunidades depende de sistemas menos evidentes, como el mantenimiento de las calles, la conectividad entre zonas habitacionales y laborales, la continuidad de los servicios y la planeación de sus espacios públicos.
Cuando estos elementos no funcionan adecuadamente, las consecuencias se manifiestan en distintos niveles de la actividad económica. Los traslados se vuelven más largos, las operaciones empresariales pierden eficiencia y las familias deben destinar más recursos a resolver dificultades que podrían evitarse mediante una mejor planeación. Para Daniel Esquenazi Beraha, empresario mexicano, esta relación permite abordar la infraestructura desde una perspectiva que considera tanto su dimensión urbana como su impacto en la competitividad.
Lo que una infraestructura deficiente le cuesta a las personas y empresas
Uno de los costos menos visibles de una ciudad con problemas de infraestructura es la pérdida de tiempo. Los desplazamientos prolongados, las interrupciones en los servicios y las dificultades para conectar distintas zonas urbanas afectan directamente la manera en que las personas organizan sus jornadas.
Este fenómeno también tiene repercusiones en el sector productivo. Una empresa que enfrenta dificultades para transportar mercancías, recibir insumos o facilitar el traslado de sus colaboradores puede experimentar mayores costos operativos. Aunque estos gastos no siempre se relacionan directamente con una obra pública o un servicio urbano, forman parte de las condiciones que determinan su capacidad para competir.
Daniel Esquenazi Beraha señala que el análisis de la infraestructura debe considerar estas consecuencias indirectas. No basta con calcular cuánto cuesta desarrollar una vialidad o construir una nueva red de servicios; también es necesario identificar cuánto pierde una ciudad cuando esos sistemas son insuficientes o dejan de funcionar correctamente.
La distribución de la vivienda es otro factor relevante. Si los desarrollos habitacionales crecen sin una conexión adecuada con los centros de trabajo, las escuelas y los servicios, la expansión urbana puede terminar incrementando los tiempos de traslado y la presión sobre la infraestructura existente.
La planeación urbana necesita mirar más allá de las grandes obras
Una de las dificultades de la gestión de infraestructura es que los proyectos nuevos suelen recibir mayor atención que las tareas de conservación. Las inauguraciones y las construcciones representan avances fáciles de identificar, mientras que el mantenimiento preventivo tiene resultados menos inmediatos y, en ocasiones, pasa inadvertido.
Sin embargo, conservar una infraestructura en buenas condiciones puede ser tan importante como ampliarla. Reparar oportunamente una vialidad, actualizar los sistemas de servicios o mejorar la conectividad puede evitar interrupciones y gastos considerablemente mayores en el futuro. También permite aprovechar mejor los recursos invertidos originalmente.
Desde la perspectiva de Daniel Esquenazi Beraha, una ciudad competitiva necesita combinar inversión, planeación y mantenimiento. Estos tres elementos deben formar parte de una estrategia continua, en lugar de tratarse como acciones independientes que responden únicamente a necesidades inmediatas.
La infraestructura también debe evaluarse por los beneficios que produce para la población. Una red de transporte eficiente, servicios confiables y espacios públicos bien conservados contribuyen a crear entornos donde las personas pueden desarrollar sus actividades con menos obstáculos y las empresas encuentran mejores condiciones para operar.
Al final, el desarrollo urbano no depende exclusivamente de cuánto construye una ciudad, sino de qué tan bien funcionan los sistemas que sostienen su actividad diaria. Para Daniel Esquenazi Beraha, reconocer el valor de esa infraestructura menos visible permite ampliar la conversación sobre inversión y competitividad: una ciudad verdaderamente eficiente es aquella que consigue que sus recursos, su tiempo y sus oportunidades se aprovechen mejor.




