Cada piña de agave (o magüey) azul que entra en las destilerías de Los Altos de Jalisco, en México, sale convertida en dos productos: tequila y bagazo, una masa fibrosa y húmeda que representa el 40 % del peso de la planta.
La mayor parte de estos restos se consideran un estorbo, un problema ambiental, un costo de disposición. Pero ese desperdicio es, en realidad, un cofre del tesoro repleto de moléculas que valen su peso en oro.
Bagazo de agave: usos históricos
A partir de las fibras maceradas de los agaves o magüeyes los aztecas elaboraban un papel muy similar al papiro. Fray Toribio de Benavente Motolinía (1482-1569), cronista de la Nueva España, contaba: “Hácese del methl (magüey) buen papel; el pliego es tan grande como dos pliegos del nuestro…”.
Durante generaciones, una parte de ese bagazo se ha empleado para el compostaje, la fabricación de ladrillos, papel, alimento de ganado y relleno de colchones. Pero estos usos no son suficientes para la gran cantidad de restos que se generan en la fabricación de tequila.
Fuente: emprendedor
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