Cada 31 de diciembre, millones de personas se preparan para recibir el Año Nuevo con una tradición muy arraigada: elegir cuidadosamente colores de sus prendas. Ropa interior, vestidos, polos o accesorios se convierten en algo más que una elección estética. Para muchos, el color funciona como un símbolo cargado de expectativas sobre lo que se quiere atraer en el año que empieza.
Amarillo, rojo, verde, rosado, blanco y azul se repiten entre los favoritos, cada uno asociado a deseos distintos: prosperidad, amor, calma, estabilidad o renovación. Más allá de la superstición, la elección del color también refleja estados de ánimo, necesidades personales y la forma en que cada persona se planta frente al nuevo ciclo.
La costumbre de vestir determinados colores al comenzar un nuevo año está profundamente instalada en el Perú y se replica en buena parte de América Latina. Se trata de un ritual simbólico que apunta a atraer prosperidad, amor, paz o equilibrio, según la intención de cada quien.
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