En la comunidad de Zacatepec, Morelos, un enemigo pequeño y escurridizo ha desatado miedo, molestias físicas y preocupación entre los habitantes: se trata de la chinche triatomina (o besucona), un insecto aparentemente inofensivo, pero que en realidad es el principal transmisor del parásito causante de la enfermedad de Chagas.
“Como a las dos de la madrugada, sentí una fuerte comezón en el brazo y me vi una picadura grande. Como no era de zancudo, corrí a lavarme con cloro. Al otro día vi la roncha más gordita y me dio miedo. Lloré porque soy hipertensa y diabética, y no sabía qué consecuencias tendría la picadura de un triatomino. Pensé que iba a morir”, relata Olivia Rivera Solís, una mujer mayor que regenta una pequeña tienda de abarrotes.
Las chinches se esconden en grietas, camas y techos de lámina, y salen de noche en busca de sangre. Sus picaduras suelen confundirse con las de mosquitos o alacranes y pueden transmitir un parásito llamado Trypanosoma cruzi, causante del mal de Chagas, padecimiento crónico que afecta al corazón y otros órganos vitales.
Según datos de la Secretaría de Salud, entre 2018 y 2024 se confirmaron seis mil 498 casos de dicha enfermedad en México. Sin embargo, los expertos advierten que la cifra podría ser mayor, pues muchas personas desconocen que han sido afectadas por carecer de diagnóstico.
Tras años del contagio, en la fase crónica el mal de Chagas puede provocar alteraciones cardiacas, trastornos digestivos y neurológicos.
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