Cada cuatro años sucede lo mismo: el Mundial de futbol invade conversaciones, redes sociales y espacios de trabajo. Lo que parece una distracción inevitable plantea una pregunta clave para organizaciones y personal: ¿puede este fenómeno social impactar en la productividad laboral o, por el contrario, convertirse en una oportunidad?
De acuerdo con Guillem Compte Nunes, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, la Copa del Mundo no afecta de la misma forma a cada entorno laboral. “Hay donde no gusta tanto entre los y las empleadas, pero en empresas donde sí hay un fuerte seguimiento, se presenta la cuestión de cómo gestionar ese interés”.
Muchas organizaciones —señala— optan por ignorar el tema, pues dejan que cada quien decida cómo manejar su tiempo. Sin embargo, está la posibilidad de una gestión proactiva: anticipar el fenómeno y organizarlo.
El Mundial es más que un evento deportivo. Es, a decir del especialista, una celebración de la identidad colectiva en la que las personas no sólo observan, sino sienten que participan. “Y aunque existe la percepción de que la productividad baja, no hay evidencia concluyente de que ver futbol afecte negativamente el rendimiento. Eso responde más a un estereotipo; todo depende de cómo la empresa gestione la situación”.
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