En México, los alumnos dejan de poner atención en la clase antes del minuto diez. No es un problema de disciplina ni de motivación, sino de cómo funciona el cerebro de una generación que creció con una pantalla en la mano; así lo revela la investigación realizada por Hediec Digital, empresa de capacitación para docentes que este año celebra su octavo aniversario.
El 93% de los maestros de preescolar, primaria y secundaria que participaron en el estudio, llevado a cabo en marzo pasado entre más de 100 docentes, ha notado una disminución en la atención de sus alumnos; de ese total, 73.5% señaló que la caída es considerable y 19.5% que es ligera.
No estamos frente a estudiantes desmotivados, sino frente a cerebros hiperestimulados que ya no responden a una clase lineal; si no ajustamos la forma de enseñar a cómo funciona su atención, el rezago educativo seguirá creciendo.
El estudiante llega al salón de clases después de pasar horas frente a una pantalla, donde su cerebro se acostumbró a estímulos constantes que liberan dopamina. Cuando se enfrenta al aprendizaje tradicional, ese estímulo no está.
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