El espectáculo de medio tiempo del Bad Bunny en el Super Bowl LX no fue un concierto más: fue una narrativa visual y musical cargada de storytelling y simbolismo que, más allá de sus ritmos, contó una historia de identidad, resistencia cultural y unidad.
En un momento marcado por la crisis del ICE y tensiones políticas en Estados Unidos, el artista urdió cada cameo y guiño con intención, generando reacciones adversas —incluida la de Donald Trump— y, sobre todo, visibilizando una latinidad urbana que reclama su lugar en el corazón de la cultura global.
Identidad desde la primera nota
La apuesta de Bad Bunny como cabeza del espectáculo de medio tiempo fue histórica: el primer artista latino masculino en interpretar íntegramente en español en ese escenario global.
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