Vivimos rodeados de estímulos que reclaman nuestra atención. Entre notificaciones, pendientes, reuniones y pantallas, pasar de una tarea a otra se ha convertido en parte de la rutina. Sin embargo, estar ocupados no significa necesariamente estar concentrados. En un entorno donde todo parece urgente, aprender a detenerse y prestar atención se vuelve una habilidad importante, tanto en la vida personal como en la profesional.
Para Mónica Reyes Fuchs, directora general con experiencia en marketing, turismo y sector público, el ejercicio representa una oportunidad para romper con esa dinámica. Más allá de sus beneficios físicos, entrenar permite crear un espacio en el que la mente también necesita involucrarse.
“No siempre es fácil, yo soy de esas personas que siempre tienen algo en la cabeza, pero me obligo a mí misma a darle una pausa durante mi entrenamiento porque es parte del beneficio y el compromiso”, explica Reyes Fuchs.
La concentración también se entrena
Correr, nadar o levantar pesas son actividades que requieren algo más que voluntad. Cada movimiento implica coordinar la respiración, cuidar la postura, reconocer los límites del cuerpo y mantener la atención en lo que sucede en el momento. Si la mente se dispersa, la calidad del ejercicio puede verse afectada.
Esta dinámica tiene una relación interesante con el trabajo. Mónica Reyes Fuchs considera que, en puestos de responsabilidad, una de las habilidades más importantes consiste en distinguir entre aquello que exige una respuesta inmediata y lo que realmente merece tiempo y análisis.
La concentración, desde esta perspectiva, no significa mantenerse ocupado durante horas, sino aprender a dirigir la energía hacia una tarea concreta. El entrenamiento ofrece una forma práctica de ejercitar esa capacidad: por un momento, el cuerpo establece sus propias prioridades y obliga a dejar en segundo plano el ruido exterior.
Hacer espacio también es una forma de disciplina
Encontrar tiempo para hacer ejercicio puede parecer complicado cuando la agenda está llena. “El tiempo nunca está de sobra”, comenta Mónica Reyes Fuchs. Sin embargo, además de organizar los horarios, existe otro desafío: aprender a aprovechar esos espacios sin trasladar a ellos todas las preocupaciones del día.
No hace falta una rutina extraordinaria para comenzar. Caminar, correr o realizar una sesión breve de fuerza puede convertirse en una pausa deliberada frente a la sobreestimulación cotidiana.
La ciencia también ha encontrado vínculos entre actividad física y salud mental. Un estudio publicado en JAMA Psychiatry, basado en datos de más de 33,000 adultos, estimó que alrededor del 12% de los casos de depresión podrían haberse evitado si las personas hubieran realizado al menos una hora de actividad física semanal, aunque se trata de una estimación poblacional y no de una garantía individual.
Para Reyes Fuchs, la conexión entre movimiento y trabajo está en la constancia. Su trayectoria profesional y su relación con el deporte coinciden en una misma lección: no siempre es posible controlar todo lo que sucede alrededor, pero sí podemos decidir dónde ponemos nuestra atención. A veces, recuperar el enfoque comienza por hacer una pausa.
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