La relación de las mujeres con las pesas está cambiando. Durante mucho tiempo, el ejercicio femenino estuvo asociado principalmente con actividades cardiovasculares y con una idea muy específica del cuerpo: mantenerse delgada y “tonificada”, pero sin desarrollar demasiado músculo. Las pesas ligeras parecían suficientes para conseguir ese objetivo.
La conversación actual es distinta. La fuerza muscular empieza a entenderse como una parte fundamental del bienestar y como una herramienta que puede acompañar a las mujeres durante distintas etapas de la vida. Mónica Reyes Fuchs lo resume desde su propia experiencia: “Cuando incorporo ejercicios de fuerza no tiene que ver únicamente con cómo se ve el cuerpo, sino con todo lo que puedo hacer gracias a él”.
Construir fuerza antes de necesitarla
El músculo puede entenderse como una reserva funcional. A medida que envejecemos, es normal experimentar una disminución de la masa y la fuerza muscular. Por eso, llegar a las siguientes décadas con una buena base puede ser relevante para conservar la movilidad y enfrentar mejor los periodos en los que nuestra actividad física disminuye.
La Organización Mundial de la Salud recomienda incluir actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana, además de la actividad aeróbica. La recomendación no está planteada como una estrategia estética, sino como parte de una rutina que ayude a mantener la salud y la capacidad funcional.
En la vida cotidiana, sus beneficios pueden ser mucho más concretos de lo que parece. “He podido notar que el entrenamiento de fuerza puede hacer que cargar algo, subir escaleras o realizar actividades diarias se sienta más fácil”, cuenta Reyes Fuchs, ex Secretaria de Turismo de Morelos.
Esa facilidad puede parecer pequeña cuando ocurre a los 30 o 40 años, pero adquiere otra dimensión cuando pensamos en la autonomía que queremos conservar a los 60, 70 o 80.
Una inversión que también alcanza a los huesos
La fuerza también tiene una relación importante con la salud ósea. De acuerdo con la Fundación Internacional de Osteoporosis, aproximadamente una de cada tres mujeres mayores de 50 años sufrirá una fractura osteoporótica durante su vida. El riesgo se incrementa después de la menopausia debido, entre otros factores, a la reducción de estrógenos y la consecuente pérdida de masa ósea.
Los ejercicios de resistencia y aquellos que implican carga pueden contribuir a mantener la densidad mineral ósea. Además, desarrollar fuerza y trabajar el equilibrio puede ayudar a sostener las capacidades físicas relacionadas con la movilidad.
Por eso, incorporar pesas no tiene que significar perseguir una determinada imagen corporal. Puede ser, simplemente, una manera de prepararnos para el futuro.
“Es importante que tengamos este tipo de información para poder cuidar de nuestra salud independientemente de la tendencia que esté de moda”, señala Reyes Fuchs.
Al final, la conversación sobre músculo puede ir mucho más allá del gimnasio. Se trata de construir hoy una capacidad que seguiremos utilizando para caminar, viajar, jugar, cargar nuestras cosas y movernos con autonomía. Como apunta Reyes Fuchs: “El músculo que construimos hoy no sólo cambia cómo levantamos una pesa o nuestro ‘personal best’”. También puede convertirse en parte de la salud que llevaremos con nosotros durante las próximas décadas.
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